¿Qué son las callosidades o duricias (hiperqueratosis) y los "callos" (helomas)?

Son el resultado de un mecanismo de defensa de la piel frente a una agresión del tipo presión y/o roce en una zona concreta, que ocasiona una muerte celular de la capa más superficial de la piel (epidermis) debido a una insuficiencia de circulación sanguínea que se produce allí donde se sufre la presión, formándose varias capas de piel dura que muchas veces alcanzan una extensión y profundidad considerables.

No es mi intención extenderme en largas explicaciones técnicas sobre este tipo de problema, pues esta información se puede encontrar fácilmente en cualquier medio de comunicación (internet, libros,…). Lo que pretendo es hacer una serie de reflexiones basadas en mi experiencia profesional, que creo puede ser más interesante para cualquier persona que padezca esta problemática.

Las hiperqueratosis ó callosidades pueden aparecer en cualquier zona del pie, como son las plantas, encima de los dedos, interdigitales, etc… Pero lo cierto es que según lo comentado anteriormente, todos los puntos de hiperqueratosis que encontramos en el pie son causados por agentes externos, a veces sumados a causas internas.

Las callosidades no aparecen "Por que sí". No son correctos los comentarios como "porque mi madre ya tenía"…, "porque soy propenso a tenerlas"… Frente a esta anomalía dérmica, el podólogo tiene la obligación de averiguar el motivo, es decir, la causa que desencadena el problema. Por lo tanto, no hemos de considerar ni correcta ni ética aquella visita podológica en la que el profesional se dedique únicamente a rebajar las capas duras de piel, sin explicar al paciente el motivo del por qué de su aparición y hacer las recomendaciones precisas para evitar que vuelvan a salir o, al menos, en casos muy difíciles, retrasar al máximo el que estas se repitan.

Los podólogos tenemos actualmente en nuestras manos una gran cantidad de recursos para luchar contra este tipo de problema, como son, en primer lugar, aconsejar a cada paciente el tipo de calzado más adecuado en función de la tipología de sus pies.

En los casos con deformaciones propias del pie como son las patologías a nivel de dedos, como dedos en martillo, en garra, juanetes… ( las hiperqueratosis en estos casos aparecen en los dedos) y otras patologías a nivel plantar, derivadas de un apoyo incorrecto del pie (las hiperqueratosis aparecerán en la zona plantar) será necesario instaurar un tratamiento especifico para cada patología en particular, como el empleo de protectores de silicona ó similares para los dedos, o de plantillas ortopédicas para compensar y equilibrar las presiones plantares incorrectas que pueda tener el pie y que provocan las callosidades.

En el caso concreto del tratamiento mediante plantillas, estas nunca pueden ser prefabricadas. Las plantillas correctas no se compran (ortopedias, farmacias,…). Las plantillas hay que confeccionarlas y los únicos que estamos preparados para hacerlo, tanto legalmente como por estudio, somos los podólogos, porque sólo quien está capacitado para realizar un estudio y diagnóstico del pie es quien puede instaurar el tratamiento adecuado.

El hecho de hacer un molde del pie no es ninguna garantía de que las plantillas sean confeccionadas realmente para esos pies. Desgraciadamente, y ocurre muy a menudo, no siempre es así, pues muchas veces el molde se usa sólo para adaptar una plantilla prefabricada.

Otra opción de tratamiento para todas las deformaciones citadas es la cirugía, a pesar de tener "mala prensa". Esto es debido a que hasta hace unos cuantos años sólo podíamos recurrir a la cirugía abierta ó tradicional, que es un tipo de cirugía muy traumática para el pie y, por tanto, para el paciente (con postoperatorios muy largos y otros inconvenientes). Pero actualmente disponemos de un tipo de cirugía podológica, la cirugía de mínima incisión, que conlleva una cantidad muy importante de ventajas respecto a la cirugía abierta, pues, como sucede a nivel general respecto a la cirugía de otras zonas del cuerpo, con el tiempo todas se van minimizando, siendo así cada vez menos traumáticas para el paciente y esto actualmente es lo que está pasando a nivel del pie.

Sin embargo no todos los podólogos realizan este tipo de microcirugía, ya que requiere de una gran preparación muy especializada. A pesar de ello, el podólogo que no realiza este tipo de cirugía, tiene la obligación de saber que esta alternativa de tratamiento existe y en caso de no proponerla a sus pacientes demostraría, en mi opinión, una falta de profesionalidad, tanto si es por ignorancia como por poco interés en ayudar a sus pacientes a solucionar de forma definitiva un problema que, de otra forma puede convertirse innecesariamente en crónico.

Es imprescindible hablar de cómo hemos de rebajar y eliminar las callosidades, teniendo siempre muy en cuenta el grueso, la extensión y profundidad que tengan, así como si son dolorosas o no.

Lo más aconsejable es que el tratamiento lo realice siempre un profesional, de forma que en aquellos casos en que se trate más bien de estética, es decir, que las callosidades no son dolorosas, sería conveniente recurrir a una esteticista, que resolverá el problema. Pero cuando se trata de callosidades dolorosas y por tanto profundas, hay que recurrir al podólogo, pues es quien deberá hacer el estudio y valoración del problema para instaurar el tratamiento adecuado.

Es peligroso el uso de cualquier tipo de callicida que pueda comprarse en las farmacias, tanto los preparados en forma líquida como en parches, pues es imprevisible saber exactamente el efecto caustico de estos productos en la piel, ya que no solo actúan sobre la dureza, sino también por el alrededor de ella y según qué tipo de piel la quemada puede ser realmente intensa. Por este motivo, si comento que nunca es aconsejable para nadie, también diré que es MUY PELIGROSO el uso de callicidas en personas con patologías tan importantes como la Diabetes, la insuficiencia vascular arterial y personas de edad avanzada, pues en estos casos, cualquier lesión en el pie puede traer graves consecuencias.